lunes, 25 de noviembre de 2013

Here's to (never) growing up

Parece mentira todo lo que ha llovido desde la entrada que escribí por mi cumpleaños hace exactamente un año.

Literalmente, se me han mojado las intimidades esta mañana porque llovía de arriba a abajo-izquierda derecha-derecha izquierda-abajo arriba.

La cuestión es que han cambiado muchas cosas. Incluso he cambiado yo misma como persona. Durante el año de exploración de los 20 he llegado a la conclusión de que hay pocas cosas que realmente importan. He aprendido a enfrentarme a ciertos problemas que me estaban quitando la poca energía que he tenido siempre. Los golpes que me he pegado han hecho que pasara de ser arena a algo más consistente como el barro (poco a poco, tampoco voy a decir que ya sea una roca consistente). Así que no me queda más remedio que dar las gracias a quien me haya hecho más fuerte aunque haya sido a base de terapia de choque.

En definitiva, me siento una mujercita de (casi) 21 infinitamente más madura de lo que era unos meses atrás.

Por otro lado, sigo siendo la niña pequeña que siempre he sido. Es lo que tiene ser hija única, amigos. Eso de que eres la pequeña, la mediana y la mayor al mismo tiempo? Es todo mentira. Inevitablemente sólo nos toca ser los hijos pequeños. A mi personalmente me encanta la mayoría del tiempo. Es otra de las cosas que he aprendido a valorar con 20 años. Más vale tarde que nunca. Doy, también, gracias a diario por tener los padres que me han tocado, porque sé que darían todo lo que estuviera de su mano con tal de que yo crezca como persona pese a tener broncas a diario por no estar de acuerdo en absolutamente nada.

Eso es todo lo que puedo decir.


Y ahora si me disculpáis, tengo una fiesta que preparar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario