Soy una persona un tanto especialita en cuanto a los libros y películas. No me gusta ver una adaptación cinematográfica sin antes haber leído el libro, no me gusta empezar una saga y no acabarla. Otra de mis manías es que cuando compro un DVD veo antes el contenido especial que la propia película, todo en idioma original.
No me gusta leer libros ni ver películas que ya ha visto mucha gente porque entonces siento que hubiera que verlo de forma un tanto obligada. Por eso mismo no he visto Avatar ni tengo intención de leer 50 sombras de Grey.
Tampoco me gustan aquellas películas en las que más que la propia historia se valora el aspecto de los protagonistas. Y aquí es cuando los fans de Crepúsculo deberían saltarse un párrafo. Leí los libros en su día y fui al cine a ver las películas aunque cada vez con menos entusiasmo al ver que el cuerpo de Taylor Lautner es lo más importante de las dos horas de película. Mi indignación llega a tal punto que me niego a pagar para ver la última parte de Amanecer.
Igual que con esto me pasa con los libros de Federico Moccia. Los leí en aquella época en los que este hombre no era conocido. No había más que dos ejemplares de sus libros en el supermercado. Y luego salió la versión Española de 3MSC con el mayor elenco de abdominales de la historia y a tomar por saco, Federico Moccia más conocido aquí que en su casa.
Y por esto es por lo que adoro Harry Potter (a parte de por otros motivos que se merecerían otra entrada propia): por ser una gran historia cuyos personajes evolucionan, que atrae por sí misma por el talento de sus actores y de su creadora. Es una saga que te atrapa y te enseña un algo en cada tomo.
Es algo que tenía que decir, que luego me llaman rara.

Ya sabes, Always. Algunas como tú y como yo, que se saben los diálogos de libros y películas, seguimos esperando la carta.
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