"Al acercarme para despedirme, vi que la expresión se asombro aparecía otra vez en el rostro de Gatsby, como si tuviera una ligera duda sobre la calidad de su actual felicidad. ¡Casi cinco años! Debió haber instantes, incluso en aquella misma tarde, en que Daisy no llegó a ser el vértice de sus sueños, y no precisamente por su culpa, sino por la colosal vitalidad de su ilusión. Había ido más allá de ella, más allá de todo. Se había entregado, con creadora pasión, acrecentándolo todo, adornándolo con toda brillante plumita que en su camino hallara. No existe fuego ni lozanía capaz de desafiar a lo que un hombre es capaz de almacenar en su fantasmal corazón.
(...)
Me habían olvidado, aunque Daisy me miró una vez y tendió la mano. Gatsby ya no me conocía. Les contemplé una vez más; me concedieron una remota mirada, poseídos ya por su apasionada vida, y salí de la habitación. Bajé los peldaños de mármol, y partí, lentamente, dejándolos solos."
En honor a su 90 cumpleaños,
El gran Gatsby.
Capítulo V.

No hay comentarios:
Publicar un comentario