domingo, 22 de febrero de 2015

Moccia.

"De repente todas se sienten tensas, emocionadas y asustadas.
El corazón de Olly late a toda velocidad como antes de un desafío o una difícil prueba.
Diletta pasea nerviosa pro la habitación.
Erica hace girar entre las manos una cucharilla de café.
Hablar.Aclarar las cosas. Volver a empezar.
Es la primera vez que les sucede. Una pequeña fractura que si no se remedia a tiempo corre el riesgo de hacerse demasiado grande. Una amiga a la que deben acudir, proteger y ayudar más allá de lo que ella misma es capaz de entender. Y luego, entre las frases, entre todas esas frases que han escrito durante años en sus diarios, que se han dedicado recíprocamente para reforzar el vínculo que las une, ese proverbio árabe:
"Amigo es aquel a quien puedes abrirle tu corazón, ofrecerle cualquier grano o granito, sabiendo que sus manos delicadas los pasarán por el tamiz y sólo conservarán lo valioso, que desecharán el resto con un delicado soplo..."

 O esa otra frase de Khahil Gibran:

"Amigo mío, tú y yo seguiremos desconociendo la vida, y el uno al otro, y a nosotros mismos, hasta el día en que tu hables y yo escuche considerando mía tu voz; y cuando permanezca en silencio ante ti pensando que estoy delante de un espejo..."
Y la de Antoine St-Exupéry:

 "Amigo mío, contigo no debo disculparme por nada, no tengo que defenderme de nada, encuentro la paz...Más allá de mis torpes palabras, eres capaz de ver en mí sencillamente al hombre." "

Perdona pero quiero casarme contigo.
Capítulo Ciento diecisiete.


domingo, 15 de febrero de 2015

Tolstói.

"- Entonces hay que aprender a hacerse una inoculación artificial de amor, una especie de vacuna...

- Bromas aparte, creo que, para conocer bien el amor, hay que equivocarse primero y corregir después la equivocación- dijo la princesa Betsy.

- ¿Incluso después del matrimonio? - preguntó la esposa del embajador con un ligero tono de burla.

- Nunca es tarde para arrepentirse - alegó el diplomático recordando el proverbio inglés.

- Yo pienso - dijo Ana, jugueteando con uno de sus guantes que se había quitado -, yo pienso que hay tantos cerebros como cabezas y tantas clases de amor como corazones."

Anna Karénina
Segunda parte
Capítulo VII